Llevaba años evitando cualquier tarea que implicara ordenar información o leer un mensaje de error con calma. En la ruta de alfabetización tecnológica aprendí algo bastante simple: antes de tocar la herramienta, reescribir lo que me pide. Suena obvio y no lo era para mí. Ahora documento lo que pruebo y eso me ahorra repetir el mismo intento tres veces.